martes, 28 de julio de 2015

LA PARTE INFECTA DE LAS RELACIONES LABORALES



En la vertiente humana de las relaciones laborales, la de las personas, te encuentras a cada ejemplar de cenutrio/@ que hay que realizar verdaderos esfuerzos para ubicarse.

Existen personajes que en el mundo laboral despliegan la única actividad social de sus tristes existencias, no tienen vida social ni son soportados por sus congéneres pero se amparan en la liturgia de la orbe laboral para dar sentido a una vida prestada y desperdiciada.

Quien tiene por oficio la vanidad y la utiliza para hacer daño a sus iguales, con la excusa del trabajo, apenas alcanza a la condición de fulera . Cuando escuchas lo que escuchas de boca de quien no procuró educación propia ni tuvo a nadie que se lo hiciera ver, tan solo te queda tildarlo/@ de procaz innoble.

La mediocridad desarrollada en el seno laboral presenta aspectos comunes. Los imbéciles, normalmente creen estar sentados en el Pángeas de la vida desde el que atisban soluciones múltiples para todo lo que solo ellos son capaces de procrear pero en realidad no son más que batracios aislados y saturados por su incapacidad y fútil vanidad.

Resultado de imagen de mediocres Sus fanfarronadas implosionan como bombas fétidas, saturando el ambiente laboral del hedor a lodazal del que emanan sus emociones. Seres inservibles cuya verborrea irrefrenable y torpe les delata en cada acto pues, repito, no tienen una impronta impostada sino que viven instalados en una vanidad incombustible.

Con sinceridad, se trata de algo mucho más sencillo, estos ánsares silvestres lo que en realidad no soportan es el éxito social de los demás, así de simple, es pura envidia.

En estos tiempos de reformas laborales y recortes sociales, como si de un esnobismo se tratara, se ha puesto en funcionamiento el Darwinismo social donde estas alimañas alcahuetas de tres al cuarto se crecen y envalentonadas se ceban con los más débiles. ¡Hasta para ser un hijoputa hay que tener clase!

El mismísimo Pérez Reverte podría entonar ahora aquello de: “El español es históricamente un hijo de puta. […] Aquí todos hemos sido igual de hijos de puta, TODOS”.Y yo apostillaría: “ Unos más que otros, Arturo”.

Cuando ves a alguno de estos, que no van de frente y esconden su repudiadas siluetas por los rincones donde atesoran sus miserias te das cuenta de que solo se oculta el culpable de hacer algo que no debe. Lo curioso es que, a pesar de que cualquier zagal se daría cuenta a la primera  ellos siguen escondiendo sus zafias actitudes y se siguen ocultando en la sombra, como vulgares criminales.


Y de eso se trata, de que estos energúmenos no tienen gónadas para enfrentarse a los que odian por ser mejores que ellos y se ceban con los más débiles, con los que no tienen recursos propios para articular defensa, pero los muy imbéciles tienen la certidumbre de que cuando llegue la noche y en el silencio del balance personal que todos nos hacemos antes de cerrar el día, ni hasta el último de sus minutos alcanzarán, ni siquiera, a empatar con la vida y recargarán sus inanes y fútiles fundamentos para seguir lastrando el daño ajeno.

No hay comentarios:

Publicar un comentario